Una de museos ... oido New York, Febrero 1992



Un día en el museo.

Desde luego New York tiene muchos atractivos para el turista, como no, la Estatua de la Libertad, los rascacielos, Central Park, la Quinta Avenida y bueno, muchos y muchos más que no hace falta ni enumerar, pero además cuenta con una colección de museos que cualquier viajero interesado en la cultura del ayer, el hoy y el mañana no puede dejar pasar. 

En nuestra visita intentamos cubrir algunos de ellos, quizás no todos, pero sí los que pensábamos más interesantes. 


Museo de Historia Natural. 

El primer día acudimos a visitar el American Museum of Natural History, quizás por el talante técnico de los integrantes del viaje este era el destino más "natural", valga la redundancia. 

El museo esta ubicado en el lado oeste de Central Park, y lo cierto es que durante el viaje fue el que, por lo menos a mí, más me impresiono. 



Desde la entrada principal con el esqueleto de un enorme dinosaurio, pasando por las salas y salas no solo con animales, sino con abundante material audio-visual e informativo, es una autentica delicia para los sentidos. 

Para los sentidos lo digo en todos los "sentidos", ya que cada sala intentaba recrear el ambiente al que se refería, así por ejemplo en la sala dedicada a la Sabana, la iluminación, la temperatura, incluso el olor intentaba mimetizar el ambiente real de las tierras africanas, o en la sala de los océanos la luz era siempre verde azulada, mezclada con un ambiente salino y húmedo que te hacía sentir a la orilla, por no decir, en las profundidades de cualquiera de los grandes mares. 

Precisamente en la sala de los océanos es donde se encuentra una gigantesca reproducción de una ballena azul. Todavía me parece recodar aquel enorme animal entre los sonidos de sus compañeras llamándola por todos los altavoces. 



El museo cuenta con gran cantidad de información escrita, fotos, audios y videos temáticos. 

La verdad es que compararlo con nuestro Museo de Ciencias Naturales de Madrid, de aquellos días, era como comparar el día con la noche. 


Metropolitan. 

La verdad es que el Metropolitan Museum of Art fue un poco como una decepción para todos, esperábamos mucho de él, sobre todo después de haber visitado el Museo de Historia Natural, pero quedo un poco en un puf!. 

Eso no quita que sea un museo soberbio, con exquisitas obras de arte, principalmente pintura, pero lo cierto es que quizás en aquella época no apreciábamos lo suficiente el arte de Rembrandt! 

Pieza azteca de la colección precolombina.


Templos egipcios.

A decir verdad es que pensábamos encontrar algo, no se, grandioso, único, quizás teníamos demasiadas y muy altas expectativas y no se cumplieron todas de ellas. 

Sí, están las salas de los clásicos con los egipcios, los griegos y romanos y otras culturas asirias, pero nada de momias ocultándose detrás de las columnas del Parthenon, quizás cuando llegaron los americanos los ingleses ya se lo habían llevado todo.

Comiendo perritos calientes a la salida del Metropolitan.

De lo que guardo mas grato recuerdo es del perrito caliente con soda que nos tomamos a la salida de la visita, por supuesto comprado en uno de los carritos "volantes" que se pueden encontrar por toda la ciudad. 

Más que nada por el descanso para los pies después de tanta escalera arriba, escalera abajo, pasillo paca, pasillo palla! 


Museo de Arte Moderno 

El Museum of Modern Art o más conocido como MoMA, pertenece a mi segunda visita a New York en el verano del 2000. 

Y lo cierto es que esos años de andanzas por distintas partes del mundo me ayudaron a apreciar más el museo, que de haberlo visto en mi primer viaje. 

El MoMA cuenta con una seria de colecciones permanentes y luego una buena cantidad de colecciones temporales sobre distintos y variados temas. 

Como el mismo nombre indica, el museo se dedica sobre toda a la pintura y el arte del siglo XIX y XX. 

Al tiempo que lo visitaba había una exposición temporal de fotografía que recorría los años de la Gran Depresión Americana del 1929, que curioso, no, Depresión Americana! 

Además había varias salas dedicadas a todo tipo de esculturas que habían sido realizadas con elementos del día a día, como cafeteras, microondas, teléfonos y todo tipo de cachibaches. 

Guggenheim 

También fue en el verano del 2000 cuando visité el Solomon R. Guggenheim Museum, conocido fundamentalmente por la original forma cilíndrica de su edificio, que se extiende a su interior, ya que todas las salas están situadas en los laterales de un enorme cilindro que forma las escaleras centrales de edificio. 



Lo más atrayente para mí fueron estas extrañas formas arquitectónicas del edificio, ya que su contenido se asemeja mucho al del MoMA.


Intrepid Sea-Air-Space Museum

A este museo le dedicamos buena parte de una de las mañanas en el viaje de 1992. 

El Intrepid Sea-Air-Space Museum se encuentra repartido entre el portaviones de la II Guerra Mundial USS Intrepid y el submarino USS Growler, y se encuentra aparcado en las orillas del North River en el oeste de Manhattan.

Submarino USS Growler

Portaviones USS Intrepid.


Lockhead A-12



Dado que dos de los integrantes del viaje éramos auténticos entusiastas de todo lo relacionado con la aviación y la investigación del espacio, no hace falta mencionar que lo pasamos "pipa" en este museo. 

Una de las principales piezas exhibidas en la cubierta del Intrepid era y es el avión supersónico de reconocimiento Lockhead A-12

Dentro del submarino.


Piloto.

Ademas también pueden encontrarse otros muchos modelos de aviones tanto de la II Guerra Mundial, las guerras de Corea y Vietnam y otros más modernos.

A parte de poder recorrer buena parte tanto del exterior como del interior tanto del portaviones como del submarino, el Intrepid acogía gran cantidad de material de la aventura americana en el espacio, incluyendo diversas cápsulas de las que aterrizaron en la Luna.

Modulo lunar.

En fin, quizás fuera la proximidad temporal a la hora de servir con la patria, pero este fue uno de los museos del que guardamos más grato recuerdo.



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