El aroma a sal marina, mezclado con un dulzón toque de jazmín y el tenue olor a maíz tostado, fue lo primero que me envolvió al descender del ferry en San Miguel de Cozumel. Era un atardecer vibrante, con el cielo tiñéndose de naranjas y rosas sobre las aguas turquesas del Caribe mexicano. El Malecón bullía con la energía contagiosa de sus gentes, los cláxones de los taxis se mezclaban con la risa de los niños y el murmullo de mil conversaciones. Aquella primera impresión, casi un flechazo, me prometió una aventura que iba mucho más allá de las postales de playas paradisíacas. Y Cozumel, la " Isla de las Golondrinas ", no decepcionó. Como escritora de viajes española, he tenido la fortuna de recorrer muchos rincones del mundo, pero pocos han logrado tejer una conexión tan profunda entre la historia, la naturaleza y la calidez humana como esta isla. San Miguel, su corazón latente, no es solo un punto de partida para sumergirse en los arrecifes de coral, sino un destino en sí...
De Madrid a USA
Un viaje por el nuevo mundo y el viejo mundo.